Sumak kawsay y Buen vivir: dos concepciones opuestas

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Para los pueblos aborígenes, la naturaleza es una entidad sagrada. En la cosmovisión indígena, la Tierra en la que viven y los recursos que de ella obtienen para la subsistencia humana, están profundamente ligados a su identidad, es decir, existe respeto entre la relación de los humanos y su entorno. Este convivir, explica toda la ritualidad para la extracción de recursos, esta relación y la propia subsistencia depende de lo sagrado. La Naturaleza, lo sagrado, no debe ser objeto de explotación indiscriminada ni sus recursos deben ofrecerse como simples objetos a modo de mercancía, peor aún, puede asumirse esa posibilidad como una alternativa al desarrollo. Es precisamente aquí donde se encuentra la dicotomía: Sumak kawsay y el modelo de desarrollo occidental-capitalista, Buen vivir; en el lugar que se le da a la madre Tierra.

El Buen vivir aparece ante la sociedad como una bandera blanca del sistema para mostrar el ánimo por humanizar un plan económico. La traducción occidentalizada sobre el paradigma del Sumak kawsay, en el Buen vivir, no es más que una mera instrumentalización de la terminología indígena para ablandar el sistema, humanizarlo y pintarlo de verde. Bajo ese encajonamiento del Buen vivir, el Sumak kawsay se difunde como un slogan gubernamental para promover un plan económico de desarrollo extractivista, algo que se opone totalmente al principio de defensa de la Naturaleza al vulnerar sus derechos, reconocidos legalmente en Ecuador desde 2008 y en Bolivia desde 2009 a través del Suma Qamaña.

Para los sabios ancianos de los pueblos indígenas Sumak kawsay significa: vida hermosa, vivir hermosamente y en la actualidad, significa vivir en armonía; armonía no solamente con la Pachamama, sino consigo mismo y con las demás personas. Entienden el Sumak kawsay como un paradigma, una forma de vida, que es la base principal de la filosofía de vida de las sociedades indígenas. Entonces, tener una vida armónica, vivir bonito, vivir feliz, integra diversos elementos de la cosmovisión de los pueblos indígenas basados en el conocimiento ancestral: respeto, ética, espiritualidad, relación con la naturaleza y una buena visión del futuro; que permita alcanzar una vida en plenitud que sea expresión del bienestar personal, familiar y social de los pueblos. Esta máxima del saber ancestral no es compatible con ningún modelo social o económico actual. Los hombres y mujeres de los pueblos originarios no conciben diferencias en el pensamiento de ricos o pobres, ni tampoco conciben la idea de izquierda o derecha, esas son categorías propias de la división racional de occidente.

El concepto occidental de unidad, uno, hace referencia a la individualidad; y es desde ahí, desde donde se ha instalado el entendimiento sobre el Buen vivir. Un concepto individualista que busca el bienestar propio, muy seguramente, a costa del bienestar de los demás y de la Naturaleza, algo totalmente alejado de la cosmovisión indígena centrada en los derechos, incluyendo los derechos de la Naturaleza. El vaciamiento, instrumentalización y manipulación de la terminología indígena, hace que la acepción del Buen vivir, sirva para continuar con la dinámica de homogeneización sociocultural. El Buen vivir, que aún ve a nuestros pueblos y naciones originarios, como gente pobre sin cultura que necesita ser rescatada de la ignorancia; ese no es el Buen vivir, que necesitamos entender.

Pensar bien, sentir bien para hacer bien.

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